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THIRD EPISODE : SPAIN 11/09/2009

Funny People  de Judd Apatow

La decision del cineasta

(o la imposibilidad de ser divertido sin interrupcion)

Reflexión sobre la tradición de la comedia norteamericana –del cine al monólogo, pasando por la televisión—, crónica feroz de ese universo claustrofóbico en el que los sentimientos se confunden y enrarecen —la admiración y la envidia, pero también la ambición y la prepotencia—, Funny People es también una película sobre cómo se estructura una película, o mejor, sobre las dificultades para construir una comedia cinematográfica en el contexto actual. Es éste un asunto que ocupa a muchos de los cineastas que más me interesan en estos momentos, y no sólo, por supuesto, en el género concreto que pisa el trabajo de Judd Apatow. Quiero decir con ello que Tetro, por ejemplo, la última película de Francis Ford Coppola, también transita esos caminos de la duda acerca de cómo seguir, una cuestión que se ha instaurado en el cine contemporáneo con sigilo no exento de firmeza, por lo menos desde que Apitchapong Weerasethakul partió en dos Tropical Malady y puso de moda el cine-bisagra. Y quiero decir también que esas vacilaciones presentan varios problemas al crítico o analista cinematográfico. Pongamos por caso : ¿es lícito tomar como virtudes lo que podrían ser graves fallas en los cimientos de una película ? O bien : ¿de qué hablamos cuando hablamos de estructura, respecto a qué nos ponemos en condiciones de asegurar que una estructura está fracturada o desequilibrada ? Y es más : ¿son la fractura y el desequilibrio elementos negativos en la construcción de una trama, un relato, o como quiera que se llame lo que están haciendo ahora esos cineastas ? Ello me trae a la memoria el modo en que Arthur Danto distinguió, en su día, entre lo bello y lo sublime, a propósito del arte abstracto o pop. Y me lleva a pensar que quizá hayamos entrado en otra dimensión estética en la cual ya no sirven ninguno de esos conceptos, en que las cosas ya no son ni bellas ni sublimes, sino simplemente materias, texturas que se reformulan a sí mismas continuamente, flujos de imágenes que pueden tomar las formas más insospechadas sin que ello signifique un error de cálculo por parte de quienes las emiten. Estamos en otra cosa, aunque no se sepa muy bien qué. Y Funny People forma parte de ello en la misma medida que Tetro o el Anticristo de Lars von Trier, por mencionar las muestras más polémicas de los últimos meses.

Hay un momento en Funny People en que podría decirse que una película termina y otra empieza. Pero eso, en efecto, sería utilizar una terminología que la labor de Apatow no acepta, porque en su proceder creativo, como en los monólogos que filma, las cosas no empiezan ni terminan, sino que fluyen y, de repente, se dan por acabadas. También podría ser que Apatow no supiera qué hacer con su película y, de repente, decidiera alargarla con una trama estirada, artificial. Sin embargo, tampoco es eso. La decisión del cineasta –porque se trata de eso, de una decisión, de una elección que lleva a un camino determinado— pasa por escoger un desvío que no sabe dónde lo va a conducir y, luego, regresar al camino principal. Veamos. En primera instancia tenemos a George Simmons (Adam Sandler), un cómico aquejado de leucemia que contrata como ayudante a Ira Wright (Seth Rogen), un aprendiz de cómico que a su vez comparte apartamento con otros dos aspirantes como él (Leo : Jonah Hill, y Mark : Jason Schwartzman), trabaja en un supermercado y dedica su tiempo libre a escribir chistes e hilvanar monólogos en un club. En segunda instancia, dicho de otro modo, tenemos a dos cómicos enfrentados entre sí, cara a cara, y eso hay que tenerlo en cuenta porque desde ese momento, desde el momento en que aceptamos eso como espectadores, aceptamos también que todo es una representación, que esos dos tipos trasladan a su vida los mecanismos de su arte, y por lo tanto su vida es una carrera constante por ser o parecer graciosos, y no una vida real donde los chistes brotan espontáneamente. De ahí que muchos de los gags de Funny People no sean divertidos, nos dejen con una sonrisa congelada en los labios, pues se limitan a formar parte del lenguaje cotidiano, de la angustia constante de esos cómicos por parecer graciosos a todo costa, por situarse siempre por encima de sus posibilidades. Apatow, en este sentido, ha filmado una comedia sobre los mecanismos de la comedia, pero también sobre lo innecesario de la comedia en algunos momentos, y por ello también sobre lo innecesario del cine cómico, sobre la impostura del cine cómico. En su primera parte, Funny People lucha constantemente con eso, con el drama de la enfermedad del protagonista, a la que no quiere dar demasiada importancia, y toda la locura, y el absurdo, y el delirio de una existencia destinada a ser gracioso, tomado ese deseo como deseo vital y laboral, con lo cual todo se confunde, nunca se sabe dónde empieza una cosa y termina otra. Por eso, los secundarios, Leo y Mark, lejos de concebirse como meros comparsas, están ahí para hacer patente ese exceso, para ponernos sobre aviso del exceso –de metraje y de comedia— que vendrá después. De hecho, no se sabe muy bien si la película trata sobre un cómico aquejado de leucemia en cuyo camino aparece un aprendiz de cómico y sus compañeros, o sobre un aprendiz de cómico y sus compañeros en cuyo camino aparece otro cómico, enfermo y amargado. En la primera escena, durante los títulos de crédito, una grabación en vídeo –al parecer auténtica— muestra a Sandler realizando bromas telefónicas mientras se contempla a sí mismo desde un sofá, ahora enfermo y cansado. Funny People es esa metáfora del espejo, cómicos observando a otros cómicos, o espiándose a sí mismos, ya sea en los escenarios del show business o en la vida cotidiana, realizando su trabajo, puesto que incluso la vida cotidiana se ha convertido en un trabajo para ellos, obligados como están –a veces de manera inconsciente— a mostrarse siempre divertidos. En otro momento memorable, George y Ira acuden al médico, que no les da precisamente buenas noticias, y acaban convirtiendo el escenario de la consulta en un escenario de club nocturno, donde ellos son la pareja de cómicos y el médico su público. Hasta tal punto están obsesionados con hacer reír que ni siquiera la inminencia de la muerte puede detenerlos, de manera que Apatow no puede tomarse la muerte a broma pero tampoco en serio, y de hecho no hay una sola secuencia, un solo instante en que el sentimiento de la muerte se haga tangible : siempre se cambia de tercio, siempre se pasa a otra cosa, o se incluye el sufrimiento en un segundo plano.

La primera parte, pues, acepta la narración errática y deslavazada como parte del juego, pero entonces hay un final inesperado, además de falso, y todo se complica. Cuando George se cura, entonces sabemos de qué va realmente Funny People : es una película sobre dos tipos que no pueden abandonar su mundo de fantasía por mucho que quieran, sobre todo en el caso de uno de ellos. En efecto, George decide empezar una nueva vida y recuperar a su ex (Leslie Mann), pero no como Cary Grant pudiera hacerlo en The Awful Truth, de Leo McCarey, o en cualquier otra comedia de los años treinta, sino a través de la mentira y la impostura, no porque realmente ame a esa mujer, sino porque quiere poner a prueba sus dotes de actor cómico, y quiere hacerlo ante Ira, que parece reprobar la situación pero en el fondo le sigue el juego. Es curioso, porque en este momento la estructura se fortalece, más al estilo de la sophisticated comedy del clasicismo, y se gradúa en niveles diferenciados : llegada a la casa, seducción de la chica, llegada del marido (Eric Bana), disputa por la chica y… ruptura entre el chico y la chica, pero también entre los dos chicos, entre George y Ira, entre el cómico y el aprendiz, que no pueden seguir ya con ese juego, que son incapaces de soportarse en su ignominia y su sordidez, de la misma manera en que los compañeros de piso de Ira, cuando éste los llama por teléfono, tampoco pueden soportarlo y cortan la conversación, otra demostración de que ese exceso de personajes y situaciones siempre tiene su razón de ser, es un exceso entendido como hilo conductor, como regla del juego. Es el lado renoiriano de Funny People, que se confirma cuando la particular partie de campagne de George y Ira deja entrever sus dos caras : por un lado, se basa en una relación de poder, la que se da entre el cómico y su aprendiz ; por otro, trata sobre el paso del tiempo –como se encarga de recordar el discurso de George durante la cena de Acción de Gracias—, sobre su acción devastadora, y sobre la imposibilidad de recuperar el pasado. De manera que el final, ese final que parece conciliador, se revela un final que vuelve al principio, una demostración de que el tiempo pasa pero las cosas no cambian para quienes no quieren crecer : no es que el cómico y su aprendiz se reconcilien, sino que siguen explicando y planeando chistes, tan alejados el uno del otro como siempre, siguen viendo la vida como un chiste, momento en el cual Apatow se distancia de ellos mediante un ambiguo travelling de retroceso, a la vez convención genérica y vía de escape, acercamiento y alejamiento, fosilización y huida.

¿Cuál es, entonces, la elección del cineasta ? Apatow ha querido hacer una película partida en dos, pero sólo para demostrar que los excursos, por largos y profusos que resulten, siempre se ven obligados a volver al lugar de origen. Es como si, con ese episodio directamente heredado de la remarriage comedy de hace setenta años, hubiera deseado construir una larguísima oración subordinada que no tiene otro remedio, si quiere significar algo, que regresar a la principal. Lo importante, entonces, no es tanto ese corte, ese giro, como el modo en que parece autónomo, y en que ese parecer significa serlo y no serlo, de la misma manera en que los cómicos viven y no viven la vida real, están en ella pero también se alejan de ella, como en un travelling de retroceso, a través del distanciamiento del chiste constante. Pues bien, ese ser y no ser, ese estar y no estar, ese cambiar de rumbo para no hacerlo pero fingiendo que así ocurre, es la esencia de una película como Funny People, y yo creo que de gran parte del cine contemporáneo.

par Carlos Losilla
jeudi 28 juin 2012

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